Page 10 - Bolívar como político y reformador social
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Colección
                                                            Herederos de Bolívar



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          ue sobre todo a través de la educación popular como los libertadores, y
      Fel Libertador con especial empeño, buscaron realizar este doble objeti-
       vo económico y social: por una parte, abrirle al pueblo el acceso a una vida
       más productiva y remuneradora; y por la otra, modificar la estructura de una
       sociedad que, sin clases medias, exhibía en lo más alto una oligarquía de pro-
       pietarios, letrados y funcionarios, y no tenía debajo sino un pueblo ignorante,
       miserable y pasivo.
          El desarrollo de la educación popular encontraba, sin embargo, dos obs-
       táculos casi insuperables: uno, que era muy difícil formar maestros, tanto por
       aquella incultura casi general de la población como por los pocos incentivos
       que la profesión presentaba; el otro, que en medio de la miseria agravada
       por la guerra, no había dinero para pagar los maestros y menos aún para la
       instalación y el equipo, siquiera elementales de las escuelas.
          Estos dos problemas perdurarían en Venezuela durante todo el resto del
       siglo –que también fue de miseria y guerras– y anularon los esfuerzos que a
       partir de 1830 hicieron los fundadores ideológicos de la segunda República.
          Pero en tiempos del Libertador el analfabetismo y la escasez de maestros
       eran un problema mundial, y por eso había despertado tanto entusiasmo el
       método llamado de enseñanza mutua, o de Lancaster, que consistía básica-
       mente en utilizar a los alumnos más adelantados de cada escuela para ense-
       ñar a los recién llegados o más remisos.
          Bolívar, que había conocido a Lancaster en Londres, en la casa del
       Precursor  Miranda –interesado también en aquel problema vital para la
       América Hispana–, concibió desde entonces grandes esperanzas en la apli-
       cación de su sistema.
           Igual le ocurría a uno de sus mejores ministros, el doctor José Rafael
       Revenga. Hasta el punto de que habiendo ido a Londres en misión oficial,
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