Page 8 - El primer tutor de Bolívar
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Colección
                                                            Herederos de Bolívar

          En los primeros días el tutor apareció suave y cariñoso, pero a
       proporción que este método fue quedando en desuso, el tutor fue
       acentuando las observaciones y consejos, hasta que llegó a mandar
       con carácter paternal e imperativo.

       —Cállese usted y no abra la boca –le decía con frecuencia el tutor,
       cuando en las horas de almuerzo o comida, el niño quería mezclarse
       en la conversación. Y el muchacho, que era muy tunante, aparentando
       cierta seriedad, dejaba el cubierto y cruzaba los brazos sobre el pecho.

       — ¿Por qué no come usted? –preguntaba el licenciado.


       —Usted me manda que no abra la boca.

       En cada una de estas chuscadas, el tutor había de reírse, aunque en la
       mayoría de las veces permanecía serio al lado del pupilo.


       —Usted es un muchacho de pólvora –le dice el tutor, en cierta ocasión.

       —Huya, porque puedo quemarlo –contesta Bolívar. Y lleno de risa se
       dirige a la señora de Sanz y le dice: Yo no sabía que era triquitraque.

       —Ya no puedo con usted –le dice el licenciado, en una ocasión en que
       el pupilo estaba inaguantable– Yo no puedo domar potros– agrega el
       tutor, algo excitado.

       —Pero usted los monta –responde Bolívar, con impasibilidad admirable.


          Aludía el pupilo al caballo zaino que montaba el licenciado, y que
       de vez en cuando costaba trabajo hacerle subir la rampa que unía el
       primer patio con el piso del corredor.

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