Page 5 - El primer tutor de Bolívar
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[Arístides Rojas] EL PRIMER TUTOR DE BOLÍVAR

          vestido, dedicado en alto grado al estudio. Ya porque fuese tuerto
          de un ojo, ya porque careciera de la cháchara y atrevimiento que
          caracterizan en el claustro a ciertas medianías que llegan alcanzar
          entre sus colegas séquito y amistades, es lo cierto, que el más
          aprovechado de los  estudiantes, en la época a que nos referimos,
          servía constantemente de tema de burla a sus compañeros, por su
          carácter retraído y silencioso. Llamábase el estudiante José Miguel
          Sanz. Armado de paciencia, escudo en los espíritus superiores,
          supo José Miguel despreciar las bromas pesadas y repetidas de sus
          compañeros, no viendo en ellas sino puerilidades, hijas del poco
          mérito y de la ausencia de buena educación. Sin embargo, cuando
          José Miguel se veía acosado, abandonando el carácter silencioso,
          se iba sobre sus adversarios, los apostrofaba, los hería con frases
          cultas, y los retaba para los días de examen, seguro de que todos ellos
          aparecerían ignorantes a su lado. Y en efecto, así sucedía: al llegar la
          época en la cual cada estudiante debía presentarse con capital propio,
          José Miguel descollaba por sus méritos, apareciendo erguido, sereno,
          satisfecho, y con plena conciencia de sus fuerzas.

            Recreábanse  los  examinadores  al  ser  testigos  de  la  soltura  del
          estudiante y de la facilidad con la cual resolvía las más difíciles
          cuestiones. Al concluir los exámenes, la fama pregonaba el talento,
          aprovechamiento, despejo y demás condiciones del joven; y éste, en
          presencia de sus compañeros, recibía los premios a que había sido
          acreedor. La superioridad de Sanz que había comenzado a vencer
          a sus colegas con el desdén, llegó a imponerse con el talento y con
          la fama, de tal manera, que las bromas y burlas llegaron a tornarse
          en admiración. Sanz fue proclamado por sus condiscípulos el primer
          estudiante de Derecho, el espíritu más luminoso de su época y la
          gloria más pura del claustro universitario. Años más tarde, el nombre
          del nuevo abogado resonaba por todas partes. Brillaba en Caracas, en
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