Page 108 - Influencia de las mujeres en la formación del alma americana
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Teresa de la Parra 107
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En el fondo, doña Manuelita tenía siempre razón. Era la época
triste de Bolívar, la de la gran cosecha de ingratitudes, el calvario,
los últimos años tan amargos de su vida. Sus proyectos de unión
y de concentración estorbaban los pequeños intereses. Disuelta la
gran Colombia y anarquizada su obra lo acusaban por todas partes
de tiranía y de autocracia. Al ausentarse de un país a otro estallaban
revueltas contra él. Era lo que sulfuraba a doña Manuelita y la
decidía a entrar en escena.
En Lima, en 1827, tuvo lugar la traición de Bustamante dirigida
naturalmente contra Bolívar quien acababa de salir para Colombia.
Advertida a tiempo doña Manuelita corrió a un cuartel, hizo reac-
cionar a un batallón, pero fracasó en su intento y el gobierno que
surgió del cuartelazo la desterró del Perú.
Durante varios años vivió entonces en Bogotá en la Quinta
Bolívar al lado de este, rodeada de honores que le dispensaban todos
los grandes hombres del día quienes la trataban como a la mujer
legítima de Bolívar. Las señoras se mostraban más esquivas, pero
doña Manuelita no se alarmaba por eso. Opinaba que la conver-
sación de las mujeres era por lo general menos interesante. En la
célebre noche del 25 de septiembre, en que un grupo de conjurados
como saben todos ustedes asaltó la casa para asesinar a Bolívar, doña
Manuelita, que con intuición admirable comprendió de lo que
se trataba, lo hizo huir por una ventana. Armada con una pistola
salió después ella misma al encuentro de los conjurados, les abrió
la puerta y logró despistarlos sobre el rumbo que al escapar había
tomado Bolívar. Desde aquella noche, la llamaron y se llamó a sí
misma la Libertadora.
Durante una de las ausencias de Bolívar, como Santander, vice-
presidente entonces de Colombia se condujese en forma que ella
juzgó malevolente para con el ausente, decidió dar una gran fiesta
a la que invitó a las personas más notables. La fiesta comenzó por el