Page 145 - Fricción y realidad en el Caracazo
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earle herrera


                  Hemos dado este breve paseo histórico para poder en-
              tender la naturaleza diversa de la crónica; género híbrido
              la han llamado algunos autores, con raíces que desde anti-
              guos tiempos se expanden por la historia, la literatura y el
              periodismo. La huella de esa herencia la sigue signando.
              Hoy día nos permite relatar hechos de actualidad, recrear
              la realidad, pero desde la perspectiva del autor: el sello de
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              su personalidad literaria siempre estará allí , en esa forma
              de decir las cosas que llamamos estilo. Y el estilo —repi-
              tamos con Buffon— es el hombre.
                  «Historia en que se observa el orden de los tiempos», es
              la definición que nos entrega el Diccionario de la Real Aca-
              demia. Ese orden de los tiempos viene de la etimología de
              la palabra crónica, que procede del latín chronica, y esta del
              griego kronos, tiempo. Y así fueron las primeras crónicas,
              narraciones y relatos lineales en los que todo empezaba por
              el principio. La evolución del género cambió, invirtió, sub-
              virtió ese precepto. La influencia de la literatura y su yux-
              taposición de los planos temporales; del cine y sus técnicas
              de montaje, afectaron la concepción del género y su elabo-
              ración; su forma y estructura. Todo en función no solo de
              contar, sino de cómo se cuenta. El cronista busca recrear
              la realidad, hacer la representación, la puesta en escena de
              los acontecimientos, colocar al lector frente a lo que él vio
              y vivió, hacerlo sentirse en el lugar y ambiente donde ocu-
              rrieron las cosas. Contar no basta. Es necesario hacerlo con
              gracia y encantamiento y aquí, entra en acción la literatura.
                  Carlos Monsiváis, ensayista y cronista mexicano de
              obra imprescindible, considera al cronista «maestro del



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                 J. L. Martínez Alberto, Redacción periodística: los estilos y los géneros
                 en la prensa escrita, A. T. E., Barcelona (Esp.), 1974, p. 123.
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