Page 21 - El Reportaje, el ensayo
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El reportaje, el ensayo
                              qp Earle Herrera
             para asombro de muchos, es el polémico crítico Roland Barthes, en
             un libro de varios autores titulado, sugestivamente, Escribir… ¿Por
             qué? ¿Para quién? Subrayamos la palabra texto porque aquí tiene una
             connotación muy particular. No se trata de cualquier escritura sino
             de aquella estéticamente concebi da y realizada, que produce un pla-
             cer en el lector, que posee valores literarios, artísticos, donde quien
             escribe tiene plena conciencia del lenguaje que emplea. Y un crítico
             tan exigente como Barthes no descarta que tales textos se encuentren
             en los periódicos.
               El periodismo es arte y oficio. No es lo mismo, no se siente lo mis-
             mo al escribir un reportaje, un artículo o una crónica que al ajustar la
             pieza de un motor o pegarle la suela a un zapato. Para el periodista, así
             le paguen por ello, su producción es y seguirá siendo su obra; en ella ha
             quedado indeleble algo de él. No todos los reportajes son iguales como,
             por ejemplo, todos los zapatos número 36 hechos por distintos zapate-
             ros con un mismo molde. Ese arte puede ser menor en unos y superior
             y hasta virtuoso en otros. Igualmente, a quienes se guíen por moldes
             rígidos y esquemas prefijados, la palabra arte les quedaría grande. Pero
             esto es válido tanto en el periodismo como en la literatura porque hasta
             los poetas pueden burocratizarse, tal cual lo asienta Alejo Carpentier en
             una dura crítica a los surrealistas:


               …a fuerza de querer suscitar lo maravilloso a todo trance, los tauma-
               turgos se hacen burócratas. Invocado por medio de fórmulas con-
               sabidas que hacen de ciertas pinturas un monótono baratillo de relo-
               jes amelcochados, de maniquíes de costureras, de vagos monumentos
               fálicos, lo maravilloso se queda en paraguas o langostas o máquinas de
               coser, o lo que sea, sobre una mesa de disección, en el interior de un
               cuarto triste, en un desierto de rocas. Pobreza imaginativa, decía Una-
               muno, es aprenderse códigos de memoria .
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               Y esa pobreza imaginativa es también fatal en el periodismo y son
             las fórmulas y esquemas impuestos como patrones inapelables los


             4   Alejo Carpentier. El reino de este mundo. Montevideo, Editorial Arca, 1966, p. 8.
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               z colección warisata
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