Page 10 - La leyenda del turpial tricolor
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—¡Y por un sueño, te acercaste a un gavilán! —exclamó
            lechuza sorprendida— ¡De verdad, que estás chiflado…,
            turpialito!...
                 En ese momento entra un arrendajo. Y posándose al
            lado de ellos, le pregunta a turpialito:
                 ¿Y por donde andabas, amiguito? te he buscado por
            todas partes, y te encuentro conversando con lechuza. ¿No
            quedamos en vernos cerca del riachuelo?
                 —Perdóname, arrendajo. Pero fue que un oso me
            quería comer, y lechuza me salvo  —se disculpa, apenado.
                 —¿Y cómo fue eso…, turpialito? ¿Acaso estabas
            husmeando en su madriguera?
                 Y él con mucha timidez, le explica el enredo:
                 —Es que me levanté muy contento y quise saludar a
            un gavilán. Pero se lanzó sobre mí para devorarme y tuve
            que ocultarme en la cueva de ese oso.
                 Arrendajo pasmado escuchó la aventura de su amigo, y
            no podía creer lo que le acababa de contar. Y con asombro,
            le dice:
                 —¡Estás loco..., turpialito! ¡Dígame, y qué saludar a
            un gavilán! En verdad, que tuviste suerte en que lechuza
            te viera.
                 —Así es, querido amigo. Porque si no hubiese sido por
            ella, ahora no estuviese aquí. —le dijo, mirando a lechuza—
            ¿Pero dime, arrendajo? ¿Verdad que los colores de éste
            tronco son hermosos? —le preguntó picoteándolo.
                 —¡Son      preciosos...,   turpialito!    —exclamó
            emocionado— ¿Y tienen alguna historia? —preguntó con
            mucho afán.
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