Page 9 - La Campaña de Quito
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8                                               La Campaña de Quito (1820-1822)



          hecho de armas al cual se le puede colocar el calificativo de fantástico,
          habían transcurrido cien años.
               Comenzó su obra el entonces mayor Felipe de la Barra con un pen-
          samiento del filósofo francés Ernest Renan que me pareció genial y pro-
          picio para abordar el tema: “Lo que hace de los hombres un gran pueblo
          es el recuerdo de las grandes cosas que hicieron juntos y la voluntad de
          realizar otras en lo futuro”.
               Sabio pensamiento que sirve para orientar nuestros pasos como
          pueblo y como nación, cuando se posee una historia tan rica e inspirado-
          ra como la que tiene Venezuela.
               El prólogo de la edición de 1924 lo hace curiosamente un oficial
          francés, el coronel Paul Goubaux, quien para ese momento, era el direc-
          tor de la Escuela Militar de Chorrillos y pertenecía a la Delegación Mili-
          tar Francesa destacada en ese país, donde tuvo gran influencia.
               El coronel Goubaux hace una excelente presentación del libro, por-
          que analiza en pocas líneas, pero con gran profundidad, el significado
          del pensamiento de Renan, lo que aporta sentido y propósito a la obra
          del mayor De la Barra. Escribe Goubaux: “En el estudio de los grandes
          hechos del pasado es donde un ejército adquiere estas fuerzas morales.
          Todo patriota, todo oficial, con la lectura de lo que han realizado sus
          antepasados no puede menos que sentirse animado de la voluntad de
          igualarlos, cuando no de superarlos”.
               Justamente, es la presentación de un gran hecho del pasado el ob-
          jeto de esta edición, con motivo del bicentenario de la batalla que dio la
          libertad a Quito. Acontecimiento bélico que permitió acelerar la ruptura
          de las cadenas que oprimían al Perú y dio nacimiento a la hermana Re-
          pública de Bolivia. Lamento mucho que en dicho prólogo el coronel Paul
          Goubaux haya sido mezquino y evitara conscientemente, en todas sus
          líneas, dar méritos a los verdaderos artífices y protagonistas de esta joya
          del arte militar. Los nombres del Libertador Simón Bolívar y del joven
          general Antonio José de Sucre son omitidos por el coronel francés, quien
          pretende opacarlos dando todo el crédito a las enseñanzas de Napoleón,
          como si este se hubiese calzado las botas del futuro Gran Mariscal de
          Ayacucho para dirigir la obra maestra de Pichincha.
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