Page 10 - Soy tu voz en el viento
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Preguntados estos ¿de dónde salieron sus mayores?, no saben dar otra
respuesta que esta: Ana kariná roté. Esto es: Solamente nosotros somos gente.
Y esta respuesta nace de la soberbia con que miran al resto de aquellas
naciones, como esclavos suyos; y con la misma lisura se lo dicen en su cara,
con estas formales palabras: Amucón papororo itóto nantó: Todas las demás
gentes son esclavos nuestros. Esta es la altivez bárbara de esta nación cariba;
y realmente trata con desprecio, y con tiranía a todas aquellas gentes.
Habiendo resistido hasta el final a la invasión colonizadora, mote-
jados de antropófagos como pretexto para esclavizarlos –la palabra cani-
balismo viene de la deformación caniba que Colón y sus hombres oyeron
por primera vez en las Antillas por boca de pueblos arawacos– los kari’ña
o kari’ñako –nombre de los verdaderos caribes– serían denostados en la
historiografía oficial también como soberbios y tiranos. Pero como demos-
traron entre otros el padre Las Casas, y en nuestro tiempo Marc de Civrieux
y Esteban Emilio Mosonyi, la frase difundida por Gumilla (ana karina rote)
es en realidad na’na kari’ña rootema y significa algo bien distinto: nosotros
somos gente de verdad, para demostrar, como ocurre en todas las naciones
aborígenes americanas, que el gentilicio se confundía, y se confunde
todavía, con el concepto de ser humano.
El Maestro oyó en silencio mi argumentación y pocos días después
me llamó para proponer una solución, que él llamó “intermedia”, a mi
inquietud. En la bella edición del libro, aparecida poco después, en
noviembre, la estrofa quedó así:
Arrogantes luchadores, los caribes
someten hombres, persiguiéndolos por bosques y pantanos.
Sus armas aguzadas, de veneno en la punta,
disparaban al grito: Ana Karina rote.
Era un cielo de flechas,
de la playa hacia el bosque,
del bosque hacia la playa…
Había dejado la frase Ana Karina rote, pero sin la traducción.
III
Con Isla de azul y viento culmina Luis Beltrán Prieto la línea senti-
mental con que quiso atar vívidas nostalgias a su querencia margariteña,
ofrenda que la sensibilidad propicia en quienes asumen –nunca tardía-
mente– el más profundo y auténtico de los compromisos: el que nos ata a
una voluntad de entrega. Su poesía por tanto, pasados los setenta años de
su vida, quedó unida a su condición de maestro y revolucionario puesto
que, para decirlo en palabras de Miguel Otero Silva, el magisterio, la revo-
lución y la poesía son los tres quehaceres más nobles que puede cumplir
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