Page 4 - Bolívar según Cabrujas
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Colección
Herederos de Bolívar
lguna vez pensé —hace muchos años— que un día me tocaría presentar-
Ame en un acto como éste, que sería en algún pueblo venezolano, que se
cumplirían años del nacimiento o de la muerte de Simón Bolívar, y que unas
personas generosas me llevarían a ese pueblo para hablar de este hombre
que hizo la nación.
Alguna vez lo pensé, y ese día me hice el juramento de que si alguna vez
tenía yo el privilegio que hoy se me concede, y que siento casi como una exten-
sión de mi cumpleaños —que fue hace dos días—, si tengo el privilegio de hablar
sobre Bolívar, no voy a decir las mismas necedades, no voy a repetir los mismos
tópicos, no voy a hablar la misma rutina que durante decenios y decenios se
viene hablando de este hombre; sino que voy a tratar de expresarme como lo
siento, como un hombre de la historia; pero como mi contemporáneo, como
un amigo, como un hombre que vive, como un hombre que está con nosotros y
que debe estar con nosotros. Y no necesariamente como esa estatua que está
a las espaldas de ustedes y a mi frente, esa estatua que lo consagra en bronce y
que se repite incansablemente en todos los pueblos de Venezuela.
Hoy, cuando se cumplen 200 años del nacimiento de este compatriota,
no habrá pueblo venezolano, no habrá placita Bolívar en Venezuela donde
alguien no esté hablando en este instante, un poquito más temprano, un po-
quito más tarde, de Simón Bolívar.
Ojalá no nos invada el palabrerío; ojalá no sigamos ocultando a este
hombre; no le quitemos gloria a este hombre; no le quitemos amor a este
inmenso personaje diferido en una idolatría, en una bobería que ha tratado
de obscurecerlo. Porque, en efecto, amigos, lo primero que a mí se me ocurre
decir para tratar de ser fiel a mi promesa es que hoy estamos celebrando el
natalicio de un hombre misterioso, de un hombre del cual la historia ha escri-
to toneladas de papeles.
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