Page 5 - Bolívar el delirio de América
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[Luis Britto García] BOLÍVAR: EL DELIRIO DE AMÉRICA

          calidad del espíritu y la solidez de la materia, confluencia entre cielo
          y tierra, lugar donde la variedad y la vastedad de las determinaciones
          del universo sensible ascienden y a la vez se reducen a la unidad de la
          cumbre. También, montaña es límite del espacio, fin de toda ascensión
          y de todo camino. Por el abrupto término que opone a todo avance, la
          cima de un pico propone el comienzo de otra dimensión: la del tiempo.


            Si la historia del hombre es la de un animal que se hace preguntas
          sobre el tiempo, ello es porque éste no cesa de plantearle acertijos.
          Así como la cumbre evoca al tiempo, a su vez plantea al narrador –a
          todo narrador– los asfixiantes enigmas de si el universo es algo, si los
          instantes que los humanos llaman siglos pueden medir los sucesos, si
          el mundo entero no es menos que un punto en presencia del infinito.

            En un viejo mito griego, un hombre fue enfrentado con acertijos si-
          milares por otro fantasma, y la solución de ellos –que se refería siem-
          pre a la transitoriedad del instante– produjo la muerte del fantasma,
          y abrió al hombre el camino que lleva al poder y a renegar de la vista.

            En nuestra cortante mitología americana, por el contrario, el viaje-
          ro viene desde el poder, y los enigmas, lejos de destruir el fantasma del
          tiempo, lo invitan, colocándolo desde ya en el  centro de una mirada
          capaz de abarcar de un guiño los rutilantes astros, los soles infinitos.
          Si el arcaico mito griego redime el pecado del poder en la anestesia de
          la ceguera, la epifanía americana lo martiriza en el tormento de la luz,
          de la cual son metáforas y a la vez espejos las referencias del héroe
          a los cristales eternos que circuyen el Chimborazo, y también aquel
          inmenso diamante que le servía de lecho. Visión y luz acaecen aun con
          los párpados cerrados: dentro de ellas concluyen pasado, presente y
          futuro: la perfección de su horror consiste en que a través de ellas se
          vislumbra la presencia absoluta de la nada.
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