Page 8 - Sábado que nunca llega
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earle herrera
trasunto crudo de la realidad. El objetivo en este caso es, casi
obligadamente, la denuncia de una condición colectiva.
(Entiéndase bien que este somero planteamiento no es
propiamente un intento de abrir casillas para atapuzarlas con
nombres de escritores, sino un esbozo de codificación sin peor
propósito que el de ofrecer claves y medios de rastreo. Más aún,
se puede afirmar que muy pocos escritores venezolanos están en
uno u otro de los extremos aludidos, pues antes bien, se ubican
en los espacios que los separan, y es frecuente que un solo autor se
desplace plácidamente de una tendencia a la otra sin sacrificar
lo fundamental de su estilo).
Si el formalismo en literatura presenta los escollos de la
afectación y el elitismo distanciador, el afán por denunciar
puede traducirse en un burdo cri de coeur, un informe aullido
de indignación con muy poco o nada de lo que se llama literario
en el mejor sentido del término. Con los cuentos en este libro,
el escritor y periodista Earle Herrera demuestra cómo el
talento se puede aunar con la lucidez para evitar la afectación
y la crudeza, dos grandes achaques que minan tantas y tan
prometedoras empresas de creación literaria.
Entre el esteticismo y el testimonio, Herrera se inclina por
el segundo, o sea, se define en cuanto escritor como testigo de
una sociedad en un tiempo determinado, y cumple su propósito
con la habilidad de un diestro artesano. En sus relatos no se
escuchan los desplantes estruendosos de una conciencia que
pretende hacer gala de su pureza principista ofendida por el
espectáculo diario de la vileza y la iniquidad. Efectivamente,
no es la voz atormentada de un autor lo que percibimos en
estos cuentos, ni hay en ellos un voleamiento indiscriminado de
reacciones y sentimientos; en cambio, sí sentimos la humanidad
de los personajes y asentimos en la ceñida veracidad de las
situaciones y los ambientes descritos. En esta sustracción
II