Page 172 - Sencillamente Aquiles
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sencillamente aquiles
«Esta casa no es pensión»,
o «Cuánto van a pagar…».
Y en uno que otro lugar
hay quien al ver a María
dice alguna picardía
para hacerla sonrojar.
¡Qué pobrecitos que son!
¡Qué pena tan sin alivio!
todos tienen lecho tibio,
¡pero nadie corazón!
De cansancio y de aflicción
la Virgen se echa a llorar
y torna triste a mirar
que en la noche alta y desierta
la luna es como una puerta
que se abre de par en par.
A la casa de un pastor
van por fin José y María;
solo piden hostería
para que nazca el Señor.
Pero hay allí tanto amor
por los buenos peregrinos,
que la pastora sus linos,
abandona en el telar
y al punto les va a buscar
cuajadas, panes y vinos.
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